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Deborah Trahtenberg

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La trayectoria de Deborah Trahtenberg es un periplo entre los mitos y la realidad, expresando a través de símbolos de una visión en la cual se manifiesta ese mundo al que sólo se puede acceder a través de la imaginación y de la iniciación.
Trahtenberg es una ceramista de refinamientos. Esto puede apreciarse a través del tratamiento de la materia y los esmaltes, los colores que ella privilegia y, particularmente, todo su concepto de cómo el arte tiende a mostrar el interior de nuestras vidas. Este hecho se vislumbra en el desgarramiento de sus máscaras, las cuales, paulatinamente, fueron transformándose en cabezas y cuerpos que se abran a la mirada del espectador. Los trabajos presentados para el Salón Regional de la Bienal de Lima son conjuntos escultóricos. El primero de ellos nos presenta una multiplicidad de cabezas clavas, que al ser ensambladas al bronce permite una rítmica sucesión, a modo de un ábaco, cuyas piezas son cabezas clavas que adquieren un movimiento giratorio, capaz de dar la sensación de articulaciones óseas en movimiento.
La otra vertiente es más intima, muy relacionada con la relación sumisión-subversión. La artista convierte en emblemas los cuerpos femeninos y, literalmente, los ata a ese muro de arcilla sobre el cual permanecen aprisionados. La voluptuosidad del cuerpo queda así condenada a la opresión de la materia.
Son estas las obras que muestran la sutileza y la versatilidad de una de las artistas que en nuestro medio han sabido usar la tierra, el fuego y el color, para transformarlo en metáforas de su mundo interior.

Mariaelena Alvarado

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La muestra y su título parecen asediar un vacío, del cual solo intuimos rastros que sugieren un tiempo y un lugar en los que algo pasó. Evidencia oscura de una clara certeza, la exposición establece también una analogía con un escenario policial que nos lleva a un terreno de lo deductivo. María Elena Alvarado va más allá. "Evidencia" escapa a la competencia de lo policial, trasciende la reconstrucción mental de hechos de los que no hemos de los que no hemos sido testigos; se hurta a la lógica de nuestra mirada. El conjunto de obras nos sumerge en el vacío de esa laguna: sea lo que sea, hay que ir ahí. 
Armas tal vez homicidas, víctimas probables, fragmentos yacen entre otras imágenes recurrentes en sus piezas. Revelan un encuentro que no se dio, pero que sin embargo está registrado. Los episodios violentos sugeridos en esta exposición muestran que ese encuentro no se da, que algo se nos pasa de largo. Algo tan desbordante real que es imposible manejarlo. El encuentro fallido con lo real que se presenta en la forma inasimilable del trauma gravita en estas obras que aluden y encarnan eses registro post evento de lo real y marcan una ruptura con el tiempo. María Elena Alvarado construye con su obra la trampa con la que captura un pasado ausente siempre en acecho, porque nunca deja de pasar.

Contactos

Lima - PERÚ 

Jaime Alvarado Vicuña

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